Yo, ogro

Hace unos días vi un post en la cuenta de Instagram de Arkhé Espacio Educativo y traté de ponerme en situación. Lo vi claro, ahí hubiera salido mi yo ogro. Ese yo que procuro tener apagado y controlado pero en ocasiones me posee.
 
 
Parece que en este mundo de la crianza que se basa en que los peques son personas de todo derecho y merecedores de buen trato se confiesa poco nuestra parte ogro. Yo lo tengo claro, procuro ser cada día esa persona empática que se comunica de manera no violenta y pone los limites justos con mis lobeznos, pero mi yo ogro me vigila con atención.
 
 

 
Mi yo ogro es mi respuesta primaria, la agresiva, la que lanza miradas que fusilan y tiene una memoria rencorosa implacable. Esa parte de mi que sale de manera explosiva ante  situaciones diversas.
 

 

Me gustaría poder decir que sale poco pero la verdad que sale más de lo que me gustaría, sobre todo, con los adultos que más quiero. Y me preocupa.
 
 
 
Me preocupa que aunque con los peques «solo» sale tras un buen rato de tensiones o una situación que yo considero seria, ellos están presentes muchas veces cuando sale con adultos.
 
 
 
Y es que creo que lo que ocurre directamente con los peques es fundamental pero también lo que ocurre en las demás relaciones es ejemplo.
 
 
 
Los aliados de mi yo ogro son el cansancio, el ruido, la suciedad y el hambre. Si además le sumamos un poquito de situaciones que se repiten… Mi yo ogro es feliz. Le toca salir a escena.
 
 
 
Así que procuro tenerlo tranquilo y reconciliarme para que bailemos con la misma sintonía. Y que mi yo ogro sea un poco como Shrek y Fiona, felices en su realidad y protectores cuando se necesita.
 
 
 
¿Y tu tienes un yo ogro? ¿Cómo lo calmas?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *