Hoy no he hecho nada

Ayer fue un día de esos en los que todo y nada fluyen a la vez… Ese tipo de días en los que llegas a la cama con un bebé en brazos, despeinada, con la ropa llena de rastros de leche que te desbordan encima y la sensación de no haber hecho nada en todo el día.
No tuve tiempo de vaciar (y después llenar de nuevo, claro) el lavavajillas, no tuve tiempo de recoger la ropa tendida, ni de barrer… Y el fantasma de la imagen de casa perfecta me atacó.

Lo cierto es que hoy probablemente no consiga mucho más que responder un par de emails urgentes, asegurarme de que los lobeznos mayores comen sano y poco más… Y es que la vuelta al trabajo de mi pareja ha traído el fin del puerperio en pausa. A partir de ahora lo importante y lo urgente y el mínimo viable serán los lemas de esta familia. Y poco más.
Lo importante: contacto sin fin y lactancia un poco más intensiva que «a demanda» (la hipergalactia se acentúa y la sombra  de otra mastitis acecha…), estar con los mayores todo lo que sea posible y procurar que no falte comida sana medio lista (bendito bathcooking).
Lo urgente: responder emails no demorables (gestoría, proveedores…)…
Y lo deseado: me gustaría poder tener un rato de lectura con cada uno de los mayores, que nuestras comidas y cenas fueran en la mesa todos juntos y que pudieramos salir sin miedo y sin mascarillas…
Y es que la maternidad a veces se reduce a «no hacer nada». No hacer nada «productivo» para el sistema. No hacer nada determinado por normas socio-culturales. No hacer nada de lo esperado (por una misma o por otros)…
No hacer nada más que lo que de verdad importa. Estar. Estar en el aquí y ahora. Estar lo mejor posible y tratar de encontrar el equilibrio entre las necesidades de distintas personas y edades.
No hacer nada más que llegar a la cama y encontrarte con tus lobeznos sonreír o reír dormidos.
No hacer nada más que vivir y acompañar sus vidas.

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